Malbec a la manera de Oporto. Cata clandestina de Malamado

El vino de Oporto nace como una necesidad comercial que se convirtió en marca mundial. En el Siglo 17 Inglaterra entra en guerra con Francia, lo que trae como consecuencia directa que los vinos franceses desaparezcan de las góndolas londinenses. Los ingleses sedientos y casi desesperados, recurrieron entonces a sus aliados portugueses para proveerse del jugo fermentado de las uvas.
En épocas de transporte por barco, los tiempos de viaje hacían que el vino muriera en el intento de llegar a destino londinense. Las bacterias le ganaban la partida y en general llegaban a puerto en pésimas condiciones, cosa que a los sufridos ingleses les producía un muy mal humor.
La inagotable imaginación humana entonces fue ideando formas de conservar el vino en el tiempo para que el consumidor reciba un producto más o menos pasable y vendible.
Los amigos portugueses recurrieron en ese momento al viejo truco de agregarles alcohol a los vinos para mejorar su perfomance (utilizando una antigua técnica usada por monjes de una recóndita ciudad de Lomego, en las tripas de su pequeño pais). Pero al agregarle alcohol en medio de la fermentación, fueron dándose cuenta que dejaban un resto de azúcar sin fermentar. Fue entonces como los vinos nacidos en Portugal tenían una doble protección contra las bacterias que todo lo malogran. Mucho contenido de alcohol y un alto contenido de azúcar. (El azúcar también es un elemento importante a la hora de espantar a las bacterias).
Listos para aguantar el viaje, los metieron en pequeños barriles de madera dentro de los barcos. Lo más interesante aún de todo ésto, es que después del viaje se dieron cuenta que su gusto mejoraba.
Nació así una de las más renombradas DOC del mundo. Los vinos de Oporto. Dado su origen encontramos la razón de que mucho del mundo del Oporto venga en lenguaje anglosajón. Inglaterra está en la base y nacimiento de éstos vinos.
En concreto. Un vino con agregado de alcohol vínico y contenido de azúcar alto que ha sido criado en barriles de roble por un largo tiempo.
Lo que fue marca mundial durante siglos, a la Argentina llegó en los 2000 de la mano de Bodega Zuccardi, a la que se le ocurrió hacer un MALbec A la MAnera De Oporto, vino al que llamaron Malamado...


Hoy es viernes proactivo en la clandestinidad del cubículo de durlock y nos damos el gusto de pasar el mediodía  degustando la versión argentina del Oporto, en sus dos versiones tinta y blanca. La tinta, ya lo dijimos, es de uvas Malbec del departamento de Maipu en Mendoza. La blanca proviene de uvas Viognier de Santa Rosa, también de la provincia cuyana.
La Dra.  C estuvo toda la mañana cantando y vociferando (para variar). Luli T  durmió bien, así que está "arriba" y PL no dejó de fumar su CPU. Es momento de descontracturar y dejarse llevar por ésta versión argentina del proverbial viaje río abajo por el río Douro hasta las entrañas de las bodegas de Oporto. Se suman a la cata Anita, la Pro y la Popi, plantel completo.
No intervengo en el maridaje. Dejo fluir la imaginación de mis compañeros que volando bien alto a la estratósfera de la gastronomía concluyen en pedir empanadas de carne, verdura y jamón y queso... (por dios!)
Igual me gusta abrir éstas dos simpaticas botellas.
La versión tinta viene encerrada en la clásica botella de Oporto, curvada y sensual. La blanca, viene en una botella simil licor.
Como la coherencia no es mi fuerte, empezamos por el tinto, que es el más conocido de los hermanos Zuccardi del Oporto.


Es bastante oscuro. Tienen pinta de pesado en el recipiente. Tiene aromas a higo bien dulce (descriptor encontrado por la Dra. C), algo alcohólico al principio pero después se amansa. En boca es de entrada bien dulzona, pesado y con una acidez bastante fresca. Es tomable, bastante rico. Es el primero que bajó enseguida. Tampoco es tan gran cosa. Un correcto vino dulce. Mucho alcohol, buena estructura, sin demasiadas aristas. Está bueno.


La versión blanca es para tomársela con mas tranquilidad. Tiene un color cobrizo bien oscuro, casi naranja. Tiene aromas de oxidación, frutas frescas y toques florales bastante pronunciados. En boca es una especie de almíbar. Bien dulce pero con una acidez potente. Siento cáscaras de naranja caramelizadas y peras en almíbar y tambien la presencia de la madera donde estuvo guardado tanto tiempo. Muy bueno. Fue la botella que al principio nadie encaraba pero al final todos reconocieron como la más rica. Mucho más compleja que la versión tinta, éste Malamado de Viognier está muy bien.

Tema aparte el precio. Fíjense señores, quizás un poco salado.
Contentos y felices de haber pasado un mediodía tranquilo, conversado y bien regado, salimos de la clandestinidad hacia el mundo exterior.
Todo va a estar bien, eso es seguro.





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