Bodega Sin Nombre de Uruguay

Sigo aqui en el país hermano oriental. Cuna de grandes músicos y murguistas. residencia del ex presidente Pepe Mujica, cuya mascota es una perra con tres piernas llamada Manuela y, lo que a nosotros nos importa, una de las zonas vitivinícolas de mayor crecimiento de Sudamérica en los últimos años.


Hacia éstos pagos emigró hace un tiempo la amiga Candela Gambelín, buscando su lugar en el mundo del vino. Hoy estudia enología en Canelones y trabaja en una pequeña bodega con el singular nombre de "Sin Nombre".
Ya que andaba por acá, se me ocurrió visitarla y lo que sigue es la experiencia en éste proyecto vitivinícola.
Alberto Luis Plata es su titular y se dedicaal abastecimiento de insumos para lechería y a la importación de insumos para la industria vitivinícola. Corchos, levaduras, maquinaria, etc. De a poco la cercanía con la industria le fue generando la pasión por el vino y en 2004 se decidió por fín a plantar en su chacra de Canelón Chico un par de hectáreas de vides y montar su propia y pequeña bodega. Desde 2007 produce sus vinos en un volúmen de alrededor de 10.000 botellas anuales que se encuentran en restaurantes especialmente. Todo en muy pequeña escala, pero en un lugar especial, dentro de un predio dónde también cría caballos y que es genial para pasar una tarde disfrutando de la brisa fresca al lado de los viñedos y tomando sus vinos que están muy buenos.
Canelones es el departamento que rodea entero a la ciudad de Montevideo. Es la principal zona productora de uvas para vinos del Uruguay y cuenta con varias micro zonas diferenciadas. Canelón Chico es una de ellas y está cerca de la localidad de Progreso. Las bodegas más conocidas de la zona son Pizzorno, Pisano y Toscanini.
Había un camino rápido para llegar a la bodega por la ruta 5, pero (para variar), preferí llegar cruzando las rutas interiores de Canelones. Serpenteando entre chacras productoras de zapallos y melones, campos con olivos y ganado vacuno. Esquivando motitos y camiones de reparto. Y sobre todo entre los viñedos que casi tocan la banquina en muchos lugares, el gps nos fué guiando  hasta llegar a un mínimo sendero entre árboles, "al lado del poste de la luz torcido y enfrente de la Ancap" como Candela me había señalado en un mensaje de wassap. El consejo sabio de un lugareño señalando con el dedo indubitable la entrada, fué el punto final de la pequeña y disfrutada travesía.
La chacra en cuestión es la residencia habitual del propietario. Está en una de las tantas pendientes que caracterizan la topografía de la zona. Tiene implantadas tres cepas tintas: Tannat, Caladoc y Marselán y una blanca: Viognier.


Paseamos por una coqueta cava subterránea dónde descansan los vinos añejos y dimos una vuelta por los viñedos que se encontraban en pleno envero (cuando las uvas se van variando su color de verde a violáceas). Nos interiorizamos de las diferencias entre las cepas, sus racimos de formas diferentes, las etapas de maduración, hablamos de las plagas y las enfermedades. Buena experiencias caminar entre las vides y ver esas fascinantes plantas.
Pero también habiámos venido a probar los vinos.


Candela nos tenía preparada una picadita especial y tres vinos abiertos para degustar.
Arrancamos con un Viognier.
De anteriores visitas y a fuerza de probar, me he ido haciendo a la idea que la cepa tiene una muy buena expresión en éstas tierras. Este caso no fue la excepción.
Tomamos el Sin Nombre Viognier de 2016. De un color pálido, casi transparente, apenitas pajizo. Muy aromático. A flores blancas sobre todo. También con toques frutales. Como a ananá o pera bien frescos y una especie de dulzor como a miel que le da una rica complejidad. Buena acidez fresca y frutada en boca y una leve untuosidad que lo hace más jugoso. No muy largo, pero disfrutable en ese mediodía de calorcito. Buen vino blanco, quizás el que más me gustó de todos por ser bien definida su personalidad. Aplauso.


Seguimos con el "Corte con Nombre" de 2016. Un vino de corte de las tres cepas implantadas en la finca, Tannat, Marselán y Caladoc.  En principio el vino se lo ve oscuro y brillante. Tiene aromas a frutas, muchas frutas rojas y negras. Ciruelas y moras maduras y dulzonas. Después de un tiempito va tomando también un carácter apenas ahumado que le da cierta complejidad. En boca tiene una entrada muy dulzona, untuosa, con tanino muy redondo y casi empalagoso. Un vino amable, tomable, con una respetable estructura y una acidez media que le da cierta frescura. En palabras más "terrenales" un vino frutado, fresco, dulzón y entrador. Que va a gustar seguro en medio de una comida y fácil de tomar.


Al tercero, Candela lo había decantado una hora antes. Se trataba del Sin Nombre Caladoc 2013. Este tuvo un paso por barrica. "Le cuesta mucho abrirse" dice ella. Finalmente lo servimos. Arranca con aromas mentolados, como a esas pastillas DRF azules. Además es especiado, como a clavo de olor y va abriéndose más expresando también frutas maduras, como mermeladas de ciruelas. Al tomarlo es bastante potente, un poco amargo al final y buen tanino impetuoso. Es para tomarlo tranquilo, ir disfrutándolo de a poco, dejándolo expresar en la copa, en medio de la charla funcionó de maravillas.


Pasaron un par de horas, y a pesar de las ganas de quedarse que había en el grupo, nos tuvimos que volver para que los acompañantes uruguayos retornaran a sus actividades habituales. Ante su insistencia y falta de romanticismo, volvimos por el camino fácil y mucho menos pintoresco.
Dejamos atrás una muy buena experiencia, en un hermoso lugar que ojalá pueda recibir muchísimos más visitantes porque vale la pena. Les dejo mail de contacto para quienes anden por acá y tengan ganas de visitar un proyecto diferente, casi artesanal, pero muy disfrutable.

Mail: sinnombre@abastecimientos.com.uy.

Por otra parte las vacaciones van terminando, así que emprenderemos el regreso a la patria, con los ojos y el alma llenos de uruguayidad hasta la próxima vez que nos volvamos a ver.
Salud!


Comentarios