Maridaje situacional. Tres vinos con Mortadela Rancia.

Nos salteamos un viernes de vinos de super porque tengo ganas de contar una reunión y su relación con los vinos que se tomaron ese día.
Para aquellos que no lo sepan, aparte de bloguero del vino, tengo un pasado de bajista de rock. Durante los noventa tuve una banda de módica fama en Rosario que llevaba el poco elegante pero efectivo nombre de Mortadela Rancia. Aparte de quien escribe al bajo, la formaban Gonzalo Aloras en guitarra y voz y Diego Giordano en bateria (entre nosotros seguimos diciéndonos por los apellidos como en la secundaria a pesar del paso de los años)


Entonces les cuento que el viernes 12 de mayo de 2017 me encontre con dos viejos camaradas de armas musicales con quienes no me reunía hacía unos cinco años aproximadamente. Como era la primera vez que iba en mi nuevo estado de sommelier, prometí tres botellas para amenizar la velada.
Anda dándome vueltas por la cabeza últimamente la idea de "maridaje situacional", nombre pretencioso que le doy a ampliar la idea de emparejamiento de los vinos. Más allá que es cierto que hay que encontrar la mejor relación entre la bebida y la comida, también es cierto que hay que tener muy en cuenta dónde y cuándo se van a descorchar las botellas.
A grandes trazos, la idea es que en el asado multitudinario de los muchachos, no es necesario acudir con etiquetas demasiado encumbradas o sofisticadas, porque no se van a apreciar tanto cómo en esa cena especial con la compañía indicada.
Eso en trazos bien gruesos, porque puede haber asados multitudinarios donde se guste de los vinos caros y cenas románticas ideales regadas con un siempre rendidor Etchart Privado. Cosas de la relatividad que siempre hacen un poco más difíciles e interesantes las cosas.
Varios datos rondaron mi cabeza a la hora de la elección de los vinos. Por un lado ninguno de ellos es demasiado conocedor, así que no podía hacerme el loco con cosas diferentes o innovadoras. Por otro lado me parecía descolocado ir con botellas demasiado caras, no vaya a parecer pretencioso. Opté por tres vinos de precios medios y que sé que son rendidores. Opción conservadora, pero sin demasiados riesgos.
Sabía que comeríamos pizza, así que para arrancar elegí un vino que me gusta y que creo que podría acompañar muy bien la opción gastronómica.
El primer vino elegido fue un Altocedro Año Cero Pinot Noir de 2015.


Me gusta. Es mi Pinot Noir favorito. Delicado, con notas frutales a frutilla y ese tono "verde" como a espárragos. Delicado y extraño para el paladar neófito, me daba lugar para empezar a hablar un rato de vinos, distender el clima que venía bastante espeso en los últimos años entre nosotros, sobre todo de mi parte y acompañar la pizza, en lo que anduvo muy bien. El ácido se emparejó muy bien con la salsa de tomate y agregó un plus al alimento. No profundizo sobre un "crocante" sorpresivo para cuidar la buena fama del cocinero.
Una vez distendido el clima, ibamos a escuchar el nuevo disco de Aloras, que se llama Digital y es sobre su nueva exploración electrónica. Abrimos en ese momento un Felino Malbec de 2013.


Típico Malbec de Lujan de Cuyo, concentrado y frutal, con tonos de violetas y especias. Rico. Los trajo a ambos a un terreno más conocido y produjo el primer brindis de la noche. Un vino amable y robusto, excelente para la sobremesa. Acompañó la escucha muy bien. La crítica musical es terreno de Giordano, pero me permito decir que Aloras hizo un disco fresco, sin pretensiones excesivas, que suena bien, con el elemento electrónico presente, pero no apabullante y un par de canciones muy buenas (habré descripto un disco como a un vino?).
Sobre todo me gustó el lugar en el que puso la voz, metida entre los instrumentos, como perdiéndose entre la música. En tiempos de selfie y sobre exposición de la personalidad, es una buena. Y por otra parte la letra de una canción que dice  algo así como que la única forma de ir para adelante es dejando el pasado atrás "olvidando", pero sin olvidar. Bien por Digital y por el Felino que acompañó su escucha.
Finalizado el disco, llegaba el momento de sacar los trapitos al sol y no podía andar con medias tintas. Así que para el final opté por el musculoso y fervoroso Quara Single Vineyard Cabernet Sauvignon de 2012.


Un potente salteño para acompañar las palabras pesadas. No volaron ceniceros ni golpes de puño, al contrario. Pero a veces hay que decir las cosas por su nombre y el salteño pesado, tánico, algo evolucionado y con su acidez en punta, no se quedó atrás. Bien entonces también para el último de los tres que llevé en esa noche y que creo que pueden funcionar como ejemplo de lo que digo cuando hablamos de "maridaje situacional".
El del estribo, ya que no terminabamos la charla, fue hurtado de la alacena de Giordano y era un Benjamin Nieto Senetiner Malbec si no me equivoco. A esa altura, también cumplió su cometido.
Y ahí termina la cosa, con una pequeña reseña del momento histórico en la historia del rock vivido el viernes anterior y con la inquietud de que también se puede pensar los vinos de acuerdo al momento y lugar en el que se toman, no solamente al acompañamiento culinario.
Saludos a todos, y aclaro desde éstas humildes líneas enológicas que Mortadela Rancia no vuelve a tocar por exclusiva voluntad del bajista, ya que los demás manifiestan sus ganas de hacerlo y no quieren buscarme un reemplazante. Esa es la verdad para los que puedan tener inquietudes al respecto.
Abrazos y salud a todos.

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