Sauvignon Blanc, conociendo a la Reina del Acido. #QueSeCepa. #ArgWB

Estas que van leyendo son las primeras palabras que escribo como parte del colectivo Argentina Wine Bloggers y para mi es motivo de gran orgullo poder hacerlo. Soy el último en incorporarse y aprovecho la ocasión para agradecer a los colegas Wine Bloggers por permitirme participar. 
Esta es una publicación que forma parte de la movida #QueSeCepa, proyecto conjunto en el que cada uno de nosotros escribimos sobre una cepa en particular, intentando desentrañar los secretos de los varietales. 


Tengo una relación de amor-odio con la Sauvignon Blanc. No suelo elegirla como primera opción, pero también es cierto que cuando caigo ante sus encantos la magia se produce.
La Sauvignon Blanc tiene varias caras. Puede ser amable y piletera. Puede ser salvaje y super ácida. Puede ser vibrante y herbácea. O puede ser frutal y dulzona. Hasta puede emerger de las nieblas de Sauternes como vino dulce botritizado junto a su hermana la Semillón, o ser un experimento uruguayo y convertirse en Ice Wine. Ha encontrado una fuerte personalidad en Chile y Nueva Zelanda, pero en Argentina también se las trae. 
Increíblemente también es progenitora de la musculosa y también francesa Cabernet Sauvignon. 
Todo un mundo en una sola cepa.
De descubrir las mil caras de la Reina del Acido se tratarán las siguientes líneas y estoy seguro que como dice Tina Turner en su vibrante aparición en la ópera rock Tommy de The Who, ya no seremos los mismos después de conocerla.


Encontramos leyendo apuntes del INTA algún tipo de explicación a la múltiple personalidad de la Reina del Acido. Sin entrar en un campo demasiado técnico para no aburrirlos ni aburrirme, las familias aromáticas que da ésta cepa son dos.
Por un lado los aromas vegetales, producto de la presencia de lo que las llamadas "aquil-metoxipiracinas" que contienen recuerdos a pimiento verde, espárrago, arvejas y pasto recién cortado o recuerdos terrosos.
Por otro lado, la segunda cara aromática la dan los llamados "etioles volátiles" y que representan, quizás, su verdadera personalidad varietal. Con ellos aparecen las notas de pomelo, pomelo rosado, piel de cítricos, ruda, pis de gato, pera cocida y maracuyá o flor de la pasión.
El sol, las mayores temperaturas medias y la correcta maduración potencian la aparición de la segunda familia aromática, lo que explicaría en parte el carácter más frutado de los Sauvignon Blancs argentinos. 
Hago un paréntesis aquí para elogiar el nivel general de los Sauvignon Blancs argentinos. Son buenos y se disfrutan. En general frutados "maracuyosos" si se me permite el neologismo, pero muy tomables. No serán similares a los chilenos o neozelandeses, pero tienen una personalidad definida y eso ya es mucho decir. Aplaudo el nivel general. 
Siguiendo con el tema anterior, las prácticas agronómicas, los tipos de suelo y las tareas en bodega hacen lo suyo también.
De vital importancia para potenciar ciertos aromas por encima de otros es la cepa de levadura seleccionada. Algunas elevan ciertos aromas, otras otros. Para mayor información dejo el link al informe del INTA donde se dan cuadros comparativos y resultados posibles de la utilización de cada cepa.

Como mi afán de conocimiento no tiene límites, ahora recurro al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y me encuentro con que la producción de ésta variedad representa más o menos el 1,5 % de la producción total de vinos del país, con especial concentración en la provincia de Mendoza, especialmente en los departamentos de Tunuyan, Maipú y Luján de Cuyo. Unas 1800 hectáreas en total, de las cuales 80 % se concentran en Mendoza y un 18 % aproximadamente en la provincia de San Juan. El resto anda por las demás zonas vitivinícolas argentinas.

No está claro cuándo ni cómo se introdujo la cepa en Argentina. Si se sabe que tiene origen en el Valle del Loira. Se supone que la trajo el Ingeniero Pouget junto a las demás cepas francesas en los finales del siglo XIX, pero tampoco hay registro.
Se le empezó a prestar atención en los años noventa, con la reconversión de los viñedos. Así fué creciendo en hectáreas implantadas y en aparición de varietales y es desde entonces en que se encuentra en franco ascenso.


Una vez terminado con los datos duros, vamos a lo que nos importa, que es el vino.
Llegamos a la vinería amiga y compramos una botella de vino blanco de variedad Sauvignon Blanc porque leímos una nota muy bonita de nuestro bloggero favorito. El señor de la vinería nos recomienda una botella acorde a nuestro bolsillo y la llevamos a casa. La enfriamos hasta llegar a una temperatura entre los 6 y 8 grados y la abrimos.
Con qué nos vamos a encontrar?
Vamos a ver primero un vino amarillo clarito con reflejos verdosos. Seguramente no tendrá demasiada concentración de color, nos va a parecer medio transparente, salvo que sea más añejo, pero es raro.
Vamos a olerlo y nos sorprenderá por lo arómatico. Probablemente si es argentino nos asalte una nota frutal muy pronunciada. Quizás pomelo o maracuyá con mayor probabilidad, quizás pera, quizás ananá. Seguido, y si prestamos un poco de atención le notemos algunas notas herbáceas, algo rústica como ruda y toques minerales si somos demasiado conocedores. El famoso pis de gato podrá darse a conocer y le dará un especial toque diferente y disfrutable. Hay algunos casos, y esos son los más sorpresivos, en que la Sauvignon Blanc tendrá toques ahumados, como a madera quemada. 
Y cuando lo tomemos nos asaltará la acidez con toda la fuerza. Tomaremos un vino con poca estructura pero filoso como lanza entrando en nuestro paladar a fuerza de una acidez punzante. Sentiremos recuerdos cítricos en boca y si está bien hecho permanecerá en nuestras papilas un buen rato, así también como en nuestro recuerdo.

No por blanco la Sauvignon Blanc da vinos flojitos. La Reina del Acido nos debería traer emociones fuertes, sensaciones vibrantes. No va a pasar desapercibida, pero sépanlo, su acidez no es para cualquiera. Todavía hoy recuerdo las lastimeras palabras del Sommelier del Pueblo sufriendo embates gástricos despues de degustar más de 30 etiquetas hace un tiempo con los Digame Sommelier.

Ese día hicimos unas mollejas al disco con verduras asadas que anduvo bárbaro como maridaje. Porque también esa acidez que lleva encima lo hace muy gastronómico. En ese caso aplacó la grasa y equilibró los sabores de manera excepcional. También se lo puede pensar para aplacar picantes, o para acompañar ácidos, como ceviches o pescados o preparaciones como sushi. Me imagino  preparaciones en base a limón. También vegetales o legumbres asadas. O tomándolo solo en uno de esos atardeceres calurosos en que puede traer una brisa refrescante a nuestros sentidos. 


Vamos ahora a las etiquetas. 
Como nombrar etiquetas siempre es un acto de injusticia por todos los que quedan afuera, voy a guiarme por la única vara en la que puedo confiar que es mi gusto personal. Ahí van mis no sé cuantos Sauvignon Blancs favoritos. El lector podrá coincidir o no, pero hay en éste pequeño listado una gama bien amplia de cómo se dan los vinos en Argentina. Hay un par de etiquetas que me gustan, pero están hechas con uvas chilenas, por lo que elegí no nombrarlas, espero no equivocarme. 
Los separé más o menos por rango de precio. Hay una primer tanda de vinos premium, una segunda de precios medianos y una recomendación de vino de super para el bolsillo de la dama y la cartera del caballero. De los que pasaron por mi blog transcribo la nota de cata.
Ahí vamos.

I
Hablar de Sauvignon Blanc en Argentina es hablar de alguna manera de Matías Michelini. Para bien o para mal, su Agua de Roca es emblema, punto de discusión, polémica y bandera al mismo tiempo. Ya desde sus épocas en Luigi Bosca, Doña Paula y Finca Sophenia venía dando muestras de su predilección por la cepa y desde que se dedica a su pasión escudado en los Montesco, éste vino es uno de sus caballitos de batalla. A algunos les parece intomable por su punzante acidez, a otros una obra de arte. Particularmente me parece que hay que tomarse una botella de vez en cuando para recordar la fuerte sensación que produce. Quizás no sea el mejor, pero es el que da pie para la charla y la polémica, lo que lo hace indispensable.
Me queda pendiente el Montesco Piel, un Sauvignon Blanc fermentado con sus hollejos, que no llegué a degustar para ésta nota, pero que no tardaré en probar. 
Para mayor abundamiento transcribo la nota de cata que hice hace como año y medio a raíz de su visita a Rosario.


Montesco Agua de Roca. Cuenta don Michelini que estando en el valle de Loira probó en una cava dentro de una gruta medioeval, un Sauvignon Blanc que le recordó al agua de deshielo de los río de su Mendoza natal.  Al volver en lo único que pensaba era en repetir ese sauvignon blanc en Gualtallary. Y asi es como nace el Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc 2014 que estamos tomando. Es casi transparente, con unos reflejos apenas verdosos. En nariz es poco aromático, con el toque mineral y un cítrico apenas perceptible, como a pomelo y nada más. En boca es áspero en su entrada. Una acidez muy marcada, algo mordiente que pasa alocadamente dejando la sensación de que uno acaba de masticar un pomelo amarillo, algo verde aún. Como la sensación fue tan precisa la transcribo. Un vino muy ácido para nuestro paladar. Una rareza que a mi me pareció buenísima y que dará pie para alguna acalorada discusión con el gran capitán Kaller.



II
Y ya que hablamos de obra de arte, sigo con el que más me gusta a mi. Tuve también la suerte de escuchar a Giuseppe Francechini en su visita a Rosario y quedé deslumbrado por la complejidad, sutileza y refinamiento de su Bacán Reserva Sauvignon Blanc 2014. Precioso ejemplar de la cepa, con paso por madera, con untuosidad, fiereza y sabores aterciopelados todo al mismo tiempo. Transcribo también lo que escribí en agosto de 2016:


Seguimos con una bomba. El Bacán Reserva Sauvignon Blanc 2014, de Vistaflores. Genial. Salvaje y delicado. Verde y frutado. En color es amarillo pálido con tonos verdosos. En nariz se expresa primero herbáceo, con aromas a ruda y a algo así como arvejas, pasto. Pero después aparece el maracuyá y la pera blanca y los cítricos y con toques minerales que le dan una rusticidad singular. En boca es untuoso, con un gran cuerpo por la cepa y explota literalmente al tomarlo. Se siente una frescura frutal exquisita, un pomelo rosado, un poco dulzón, pero con una acidez muy presente y algo punzante, pero agradable. Es largo, muy largo y con una personalidad buenísima. Lo hace muy versátil para acompañar un montón de opciones culinarias. Un gran vino que me gustó muchísimo. Aplausos para don Giuseppe!

III
Otro que me partió la cabeza al probarlo y sigue haciéndolo cada vez que lo tomo es el Fuego Blanco Valle de Pedernal Sauvignon Blanc 2015. Punzante y rico. Aquí la Reina del Acido se expresa fiera y tierna. Acaricia con su mano rugosa y nos hace caer en sus telarañas. Este vino fue elegido como el mejor cuando nos juntamos con los Digame Sommelier a probar Sauvignon Blanc y éste fue nuestro veredicto en enero de 2016:


Siempre hay una que es la mejor. Esta vez en una tórrida noche de enero proclamamos nuestro sauvignon blanc favorito al Fuego Blanco, Valle de Pedernal Sauvignon Blanc 2015. Lo que primero destacamos es la gran intensidad aromática. Parece raro al principio, como extraño a lo que veníamos sintiendo. Primero aparece herbáceo para dar lugar después a lo cítrico, en forma de limón o pomelo amarillo muy fresco, tiene una nota mineral y verde a la vez. En boca tiene una estructura importante, es untuoso, grande pero sin perder la frescura y cierta fiereza o aspereza mineral que da lugar luego al pomelo bien verde. Vino al que hay que degustarlo despacio, con muchas capas por descubrir. Muy recomendable para comer. Vino de la nueva zona vinícola de San Juan, gustó y ganó. Aplausos para un gran vino.

En éste segmento también me gustaría destacar a dos ejemplares fantásticos de la cepa. 
Por un lado el Colomé Lote Especial Sauvignon Blanc que anda más por el lado "verde" de aromas a espárragos, pasto y demás etcéteras explicados más arriba y que está buenísimo. 
Y el BCrux de Bodega Fournier, que de tan frutado y herbáceo al mismo tiempo es una locura. 

Pasada la etapa más "premium", voy a hablar de algunos vinos con precios "medios":

I
En Noviembre de 2016 fuí a Mar del Plata a la degustación de blancos organizada por Wine MDQ. Aparte de pasarla bomba, me gané una botella firmada por el enólogo del Sauvignon Blanc de Costa y Pampa. Excelente. Fresco y delicado y con una nota ahumada realmente encantadora. Acá tenemos un ejemplo de lo que le hace el clima marítimo a nuestra amiga la Sauvignon Blanc.
También transcribo nota de cata:


Muy buena ésta entrada, de la que resultó elegido el crédito local. Los marplatenses aplaudieron de pie la elección del Costa y Pampa Sauvignon Blanc 2016, fino, delicado, con aromas a pomelo amarillo y toques minerales y un ahumado muy particular. Un poco de ruda y mucho para disfrutar. La presencia del enólogo Ezequiel Ortego le dió un marco más emocionante a la elección. Excelente.

II
Para algunos fue la gran revelación de los blancos de 2015 y 2016. Logró casi unanimidad en el aplauso. No apareció en el blog porque no tuve oportunidad de asistir a ninguna cata por los lares de Rosario y zona, pero me gustaria hablar un rato del Relator Sauvignon Blanc de 2016




Color amarillo brillante con un tinte un poco rosadito. Como piel de cebolla, pero apenas dando un tono un poco más oscuro. En aromas frutado al principio. Peras y maracuyá bastante dulces. Toques herbáceos Abrimos y hay un carácter ahumado y mineral que complejiza y se hace a su vez un poco más dulce la fruta. En boca entra dulce, pero después pega con acidez punzante y bastante frutada. Medio dulzón parece pero también es agresivo y fuerte. Tiene bastante estructura.  Después sigue abriéndose. Notas de ruda y humo se suman. Bueno, divertido y complejo. Punzante pero con algo de estructura. Llena y empuja. Me gustó, está muy bien.  


En éste segmento hay varios que son muy buenos: 
Recomendables y muy disfrutables me parecieron etiquetas como Rosell Boher, Tomero, Serbal, Tonel 46, Finca La Anita, Kaiken, La Flor Pulenta Estate y Marale, cada uno con su característica personal, pero todos muy buenos. 

Finalmente me saco el gusto de poner un vino de super. 
El Portillo 2016, que tiene un precio más que accesible y da para tomarse la botella mirando el anochecer con el cantar de los pajaritos. 


Amarillo verdoso bastante intenso. Muy aromático a maracuyá, pomelo dulce, algo de ruda. En boca amable, tomable, dulzón y con acidez punzante y refrescante. Muy maracuyá en boca, largo y deja un gusto refrescante. Está muy bueno y no sale tanta plata. Piletero al palo diría mi amiga Penélope Glamour (alias Marcela Martinez)!

Por ahora esto es todo amigos. Queda para una futura nota la palabra de los enólogos, a algunos de ellos ya había contactado y los volveré a contactar más adelante, cuando las urgencias de la vendimia no los tengan atareados. Les agradezco la buena onda. 
Un agradecimiento al Capitan Kaller que ayudó a darle un poco de prolijidad a éstas líneas, que a veces salen desordenadas y a mi me cuesta ese particular. 
Seguiremos andando por los caminos del vino chocando copas con los amigos y aprendiendo en cada brindis. Mientras tanto #QueSeCepa, los Argentina Wine Bloggers andamos por ahí aprendiendo y comunicando lo que más nos gusta, que es el vino argentino. 
Salud!

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