Bodega Goyenechea. Diario de Viaje San Rafael.

Villa Atuel es una localidad y distrito del departamento San Rafael de la provincia de Mendoza. A unos 55 kilómetros al Este de la ciudad homónima. En un paraje de dicho departamento denominado La Vasconia, está enclavada una de las bodegas pioneras de la zona y con más historia de la Argentina.


En la mañana del tercer día de visitas a bodegas a San Rafael, descubrimos la historia y el presente de Bodega Goyenechea.
La bodega se encuentra dentro de una explotación de unas 200 hectáreas, con unas 140 en producción. A unos 515 metros de altura sobre el nivel del mar (unos 300 menos aproximadamente que en San Rafael) y con suelos arenosos o limo-arenosos como los que vimos en casi todos las fincas sanrafaelinas en nuestro viaje. Hay mucho parral y espaldero alto, tiene que ver con cuestiones del clima y las granizadas caracteristicas de la zona.
Producen unos dos millones de litros de vino anuales, un número no menor dentro de la industria vitivinícola argentina.



Todo empezó por 1868 cuando los hermanos Santiago y Narciso Goyenechea se afincaron en la zona y comenzaron con la explotación vitivinícola. Siguieron varios años,  y asociados a otros oriundos del Pais Vasco llamados Arizu desarrollaron una de las explotaciones más exitosas de la zona, al punto tal que se dice que entre los años 30 y 40 eran propietarios de los viñedos mas grandes del mundo. Cosas de la vida comercial hizo que unos años después, los Goyenechea se quedaran en exclusividad con la bodega y la nombraron con su apellido.
Las generaciones se fueron sucediendo, siendo la familia la cabeza de esta importante explotación, que llegó a tener entrada propia de ferrocarril a la finca para llevar el vino a Buenos Aires, y una pequeña población de unas 120 familias viviendo en el predio, que además contaba con escuela, iglesia y demás instalaciones comunes. Hoy en día viven aún varias familias que dedican su esfuerzo a producir vinos en la bodega.




Una de ellas, Soledad Moran, que trabaja en la bodega y vive justo enfrente del establecimiento, fue la encargada de recibirnos y hacernos conocer por dentro Goyenechea.
La planta tiene unos 8.000 m2 de superficie. Es un gigante, que a la altura del año en que la visitamos está dormido, esperando la vendimia para empezar a producir en sus entrañas el vino que después llega a todos los rincones de la patria. Tanques de plastico y acero inxidable se entremezclan con enormes piletas. Tiene laboratorio propio y salas de barricas por donde paseamos y escuchamos la hisotoria de la bodega.
Terminada la vuelta por el establecimiento, nos esperaban varias sorpresas en el salón del visitante que está a su lado.
Allí se nos sumó una de las integrantes de la quinta generación de Goyenecheas, Soledad, que es Ingeniera Agrónoma y está dedicada a los viñedos. Junto con ella fuimos descubriendo novedades por salir y alguna que otra sorpresa que todavía no está en el mercado.





Arrancamos con el que va a ser el Quinta Generación 2018. Un Malbec con mucha fruta, como ciruelas dulces y frescas. Tiene un rica intensidad en boca, una buena acidez frutal y recuerdos lácticos que iran acomodándose con el tiempo en botella. Un buen pronóstico para éste Malbec con paso con madera.

Probamos luego un Cabernet Sauvignon jóven, sin intervención de madera, que probablemente vaya a parar a la línea Goye. Muchísima fruta intensa y fresca.con recuerdos como a frutillas. En boca muy fresco y vital. De buena acidez y pasar fluído y ligero. Me gustó, casi como todos los Cabernets que probamos durante el viaje.

Después probamos un Malbec de la cosecha 2018, que está pensado para las líneas superiores, pero que todavía no ha pasado por barrica, sino que se está estacionando en tanques. Muy buena experiencia de un vino que tiene mucha carga tánica. Que está muy intenso y "nervioso" pero que dentro de unos años habrá apaciguado tanta energía y se convertirá en un vino más tranquilo y complejo. Nos dejó pensando en como hay que ir viendo las posibilidades del vino mientras está en proceso de producción y todavía no ha expresado todo lo que tiene para dar.

Después hicimos la misma experiencia con un Cabernet Sauvignon del 2018. Muchísimo más expresivo en nariz, con recuerdos mentolados y a frutas negras. con un buen pasar dulzón. Lo encontramos muchísimo más apaciguado que el Malbec. Hay un expresión mucho más frutada en los Cabernets sanrafaelinos que me parece interesantísima de resaltar.

Finalmente probamos un Malbec tambien de la cosecha 2018, pero que ha tenido un paso por barrica. Se siente mucho la influencia de la madera, en aromas muy presentes a vainilla y mermeladas. En boca está un poco tánico todavía. Pinta muy bien y seguramente irá redondeándose y apaciguándose.

Soledad al final nos cuenta que todos esos vinos que probamos, podrían llegar a formar parte de un ícono próximo a salir de la bodega. Algo así como el nuevo 135 Aniversario, pero tampoco nos dió demasiadas precisiones.
Agradecemos infinitamente lo cordial del recibimiento y la cantidad de conocimiento que nos llevamos de una parte importante de la industria vitivinícola sanrafaelina. Gracias a Soledad Goyenechea por recibirnos, la muy buena charla y la riquísima picada. A Sebastian Goyenechea por el contacto y lo bien que me contestó cada vez que intenté contactarlo y a la Bodega en general por seguir haciendo sus vinos a la  manera tradicional pero trayendo toda su historia hacia el presente.
Estan buenos los vinos de Goyenechea!

CONTINUARA...



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